PopePius-XIICinco documentos magisteriales del Papa Pío XII condenan la herejía de la  “moral de situación”  contenida en la  herética Amoris Laetitia:
•  Papa Pío XII, Discurso dirigido Vegliare con Sollecitudine (1951)
•  Papa Pío XII, Mensaje de Radio La Famiglia (1952)
•  Papa Pío XII, Dirigido Soyez Les Bienvenues (1952)
•  Papa Pío XII, Dirigido Nous Vous Souhaitons (1953)
•  Papa Pío XII, Instrucción del Santo Oficio Contra Doctrinam (1956)

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El Papa Pío  XII condenó la “moral de situación” que expone la herética Amoris Laetitia. Aquí vemos como Bergoglio desde Argentina se ha rebelado abiertamente contra la condena magisterial hecha por el Papa Pío  XII.

Comenta RORATE CÆLI: Pese a ser Pío XII el papa reinante, cuando el joven Jorge Mario Bergoglio entró en el seminario jesuita como un novato, la condena de ‘nueva moral’ de Pío parece haber tenido poco efecto sobre él. Además de sus homilías diarias donde con frecuencia critica de “rígidos” a fieles católicos, Francisco incluso le dijo a sus compañeros jesuitas que pensaba que los cargos de “moral de situación” son acusaciones como del “coco”, mientras apoya a Bernard Haring, teólogo discorde pro-anticoncepción.

Moral de situación se puede definir como un recurso individualista y subjetivo a las circunstancias concretas de acciones para justificar decisiones en oposición a la ley natural o voluntad revelada de Dios.

Bergoglio en Argentina, ya había puesto en practica la herética “moral de situación” condenada por el Papa Pío  XII, en rebelión contra la Doctrina Moral de la Iglesia católica.

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Papa Pío  XII  y los jóvenes: Soyez les bienvenues sobre los errores de la moral de situación 18 de abril de 1952:

La «moral de situación». Su signo distintivo

4. El signo distintivo de esta moral es que no se basa en manera alguna sobre las leyes morales universales, como —por ejemplo— los diez mandamientos, sino sobre las condiciones o circunstancias reales y concretas en las que ha de obrar y según las cuales la conciencia individual tiene que juzgar y elegir.

Tal estado de cosas es único y vale una sola vez para cada acción humana. Por eso, la decisión de la conciencia —afirman los defensores de esta ética— no puede ser imperada por las ideas, principios y leyes universales.

(…)

Esta fuera de la ley y de los principios católicos

8-Expuesta así la ética nueva, se halla tan fuera de la ley y de los principios católicos, que hasta un niño que sepa su catecismo lo verá y se dará cuenta y lo percibirá. Por lo tanto, no es difícil advertir cómo el nuevo sistema moral se deriva del existencialismo, que, o hace abstracción de Dios, o simplemente lo niega, y en todo caso abandona al hombre a sí mismo.

Tal vez sean las condiciones presentes las que hayan inducido a intentar el trasplantar esta moral nueva al terreno católico, para hacer más llevaderas a los fieles las dificultades de la vida cristiana. De hecho, a millones de ellos se les exigen hoy —en un grado extraordinario— firmeza, paciencia, constancia y espíritu de sacrificio si quieren permanecer íntegros en su fe, bien sea bajo los reveses de la fortuna o bien bajo las seducciones de un ambiente que pone a su alcance todo aquello que forma la aspiración y el deseo de su corazón apasionado. Pero semejante tentativa nunca jamás podrá tener éxito.

Las obligaciones fundamentales de la ley moral

9-Se preguntará de qué modo puede la ley moral, que es universal, bastar e incluso ser obligatoria en un caso particular, el cual, en su situación concreta, es siempre único y de una vez.

Ella lo puede y ella lo hace, porque, precisamente a causa de su universalidad, la ley moral comprende necesaria e intencionalmente todos los casos particulares, en los que se verifican sus conceptos. Y en estos casos, muy numerosos, ella lo hace con una lógica tan concluyente, que aun la conciencia del simple fiel percibe inmediatamente y con plena certeza la decisión que se debe tornar.

10-Esto vale especialmente para las obligaciones negativas de la ley moral, para las que exigen un no hacer un dejar de lado.

Pero no para éstas solas. Las obligaciones fundamentales de la ley moral están basadas en la esencia, en la naturaleza del hombre y en sus relaciones esenciales, y valen, por consiguiente, en todas partes donde se encuentre el hombre; las obligaciones fundamentales de la ley cristiana, por lo mismo que sobrepasan a las de la ley natural, están basadas sobre la esencia del orden sobrenatural constituido por el divino Redentor.

De las relaciones esenciales entre el hombre y Dios, entre hombre y hombre, entre los cónyuges, entre padres e hijos; de las relaciones esenciales en la comunidad, en la familia, en la Iglesia, en el Estado, resulta, entre otras cosas, que el odio a Dios, la blasfemia, la idolatría, la defección de la verdadera fe, la negación de la fe, el perjurio, el homicidio, el falso testimonio, la calumnia, el adulterio y la fornicación, el abuso del matrimonio, el pecado solitario, el robo y la rapiña, la sustracción de lo que es necesario a la vida, la defraudación del salario justo (cf. Sant 5,4), el acaparamiento de los víveres de primera necesidad y el aumento injustificado de los precios, la bancarrota fraudulenta, las injustas maniobras de especulación, todo ello está gravemente prohibido por el Legislador divino.

No hay motivo para dudar. Cualquiera que sea la situación del individuo, no hay más remedio que obedecer.

11– Por lo demás, a la ética de situación oponemos Nos tres consideraciones o máximas.

La primera: Concedemos que Dios quiere ante todo y siempre la intención recta; pero ésta no basta. Él quiere, además, la obra buena.

La segunda: No está permitido hacer el mal para que resulte un bien (cf. Rom 3,8). Pero esta ética obra —tal vez sin darse cuenta de ello— según el principio de que «el bien santifica los medios».

La tercera: Puede haber situaciones en las cuales el hombre —y en especial el cristiano— no pueda ignorar que debe sacrificarlo todo, aun la misma vida, por salvar su alma. Todos los mártires nos lo recuerdan. Y son muy numerosos, también en nuestro tiempo.

Pero la madre de los Macabeos y sus hijos, las santas Perpetua y Felicitas —no obstante sus recién nacidos—, María Goretti y otros miles, hombres y mujeres, que venera la Iglesia, ¿habrían, por consiguiente, contra la situación, incurrido inútilmente —y hasta equivocándose— en la muerte sangrienta? Ciertamente que no; y ellos, con su sangre, son los testigos más elocuentes de la verdad contra la nueva moral.

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Papa Pío XII: Quien acusa a la Iglesia y su Moral de dura y rígida, acusa en realidad a Jesucristo.

Tomando por tanto las palabras de Cristo y del Apóstol [Pablo] como regla estricta, ¿no se debería decir que la Iglesia de hoy está más inclinada a la indulgencia que a la severidad ?, es que la acusación contra la Iglesia de rigidez opresiva  por la “nueva moralidad”, en realidad, ataca, en primer lugar, a la adorable Persona de Cristo mismo.

Del  radiomensaje del Papa Pío XII en ocasión de la ”Jornada de la familia”, el domingo 23 de marzo de 1952.
[…] La nueva moral afirma que la Iglesia, en vez de fomentar la ley de la libertad humana y del amor, y de insistir en ella como digna actuación de la vida moral, se apoya, al contrario, casi exclusivamente y con excesiva rigidez, en la firmeza y en la intransigencia de las leyes morales cristianas, recurriendo con frecuencia a aquellos «estáis obligados», «no es lícito», que saben demasiado a una pedantería envilecedora.

Ahora bien: la Iglesia quiere, en cambio —y lo pone bien de manifiesto cuando se trata de formar las conciencias—, que el cristiano sea introducido a las infinitas riquezas de la fe y de la gracia en forma persuasiva, de suerte que se sienta inclinado a penetrar en ellas profundamente.

Pero la Iglesia no puede abstenerse de amonestar a los fieles que estas riquezas no se pueden adquirir ni conservar sino a costa de concretas obligaciones morales. Una conducta diversa terminaría por hacer olvidar un principio predominante, en el cual siempre insistió Jesús, su Señor y Maestro. El, en efecto, enseñó que para entrar en el reino del cielo no basta decir Señor, Señor, sino que precisa cumplir la voluntad del Padre celestial (cf. Mt 7,21).

El habló de la puerta estrecha y de la vía angosta que conduce a la vida (cf. Mt 7,13-14), y añadió: Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, porque yo os digo que muchos intentarán entrar y no lo lograrán (Lc 13.24). El puso como piedra de toque y señal distintiva del amor hacia sí mismo, Cristo, la observancia de los mandamientos (Jn 14,21-24). Por ello, al joven rico, que le pregunta, le responde: Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos; y a la nueva pregunta: ¿Cuáles?, le responde: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás falsos testimonios, honra a tu padre y a tu madre y ama a tu prójimo como a ti mismo. A quien quiere imitarle le pone como condición que renuncie a sí mismo y tome su cruz cada día (cf. Lc 9,23). Exige que el hombre esté dispuesto a dejar por El y por su causa todo cuanto de más querido tenga, corno el padre., la madre, los propios hijos, y hasta el último bien —la propia vida (cf. Mt 10,37-39)—. Pues añade El: A vosotros, mis amigos, yo os digo: No temáis a los que matan el cuerpo y luego ya nada más puedan hacer. Yo os diré a quién habéis de temer: Temed al que, una vez quitada la vida, tiene poder para echar al infierno (Lc 12, 4-5).

Así hablaba Jesucristo, el divino Pedagogo, que sabe ciertamente mejor que los hombres penetrar en las almas y atraerlas a su amor con las perfecciones infinitas de su Corazón, bonitate et amoreplenum (Lit. de sacr. CordeIesu).

Pero ¿es que predicó de otro modo San Pablo, el Apóstol de las Gentes? Con su vehemente acento de persuasión, descubriendo el místico atractivo del mundo sobrenatural, él ha expuesto la grandeza y esplendor de la fe cristiana, las riquezas, el poder, la bendición, la felicidad que en ella se encierran, ofreciéndolas a las almas como digno objeto de la libertad de cristiano y como meta irresistible de los puros impulsos del amor. Pero no es menos verdad que son igualmente suyas amonestaciones como ésta: Obrad vuestra salvación con temor y temblor (Flp 2.12) y que de su misma pluma han salido altos preceptos de moral, destinados a todos los fieles, sean éstos de una común inteligencia, sean almas de elevada sensibilidad. Tomando, por consiguiente, como norma estricta las palabras de Cristo y las del apóstol, ¿no se debería tal vez decir que la Iglesia de hoy más bien está inclinada a la condescendencia que a la severidad? De suerte que la acusación de opresora dureza que la nueva moral lanza contra la Iglesia, en realidad va a alcanzar, en primer lugar, a la misma adorable persona de Cristo. […] [Artículo original]

FILE PHOTO OF POPE PIUS XII

Contra doctrinam Instrucción sobre la “Moral de situación”, Suprema Sagrada Congregación del Santa Oficio 2 de febrero de 1956

[…] Habiendo considerado estas cosas con el fin de evitar el peligro de la “nueva moral”, de la cual el Sumo Pontífice Pío XII habló en las alocuciones realizadas en los días 23 de marzo y 18 de abril de 1952, y con el fin de salvaguardar la pureza y la integridad de la doctrina católica, esta Sagrada Congregación Suprema del Santo Oficio veta y prohíbe esta doctrina de la “moral de situación” de ser enseñada o aprobada, bajo cualquier nombre que se le puede designar, ya sea en las universidades, ateneos, seminarios o casas de formación religiosa, o en los libros, tesis, clases, ya sea, como se dice, en conferencias, o por cualquier otro medio que se pueda propagar o defender.

basurero amoris adulterita

Los libros malos abundarán en la Tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios. Mensaje profético de Nuestra Señora  de la Salette.

libros hereticos quemados

Hechos 19:19

Muchos asimismo de los que se habían dado al ejercicio de vanas curiosidades o ciencia mágica, hicieron un montón de sus libros, y los quemaron a vista de todos…

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Un comentario en “El Papa Pío XII condenó la “moral de situación”de Amoris Laetitia y la falsa misericordia kasper-bergogliana.

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