San Rafael te pedimos que destruyas el espíritu de Asmodeo de la demoníaca Amoris Laetitia que busca destruir los matrimonios catolicos

“La batalla final entre el Señor y el reino de Satanás será acerca del matrimonio y de la familia”

Catecismo Mayor Papa San Pío X

544.- ¿Cómo se llaman por esta razón estos cinco sacramentos? – Estos cinco sacramentos, a saber: Confirmación, Eucaristía, Extremaunción, Orden Sagrado y Matrimonio, se llaman sacramentos de vivos, porque los que los reciben han de estar sin pecado mortal, esto es, ya vivos a la gracia santificante.
El Sexto Mandamiento :
No cometerás actos impuros.
Catecismo de la Iglesia Católica nos dice en el numeral 2336 Jesús vino a restaurar la creación en la pureza de sus orígenes. En el Sermón de la Montaña interpreta de manera rigurosa el plan de Dios: ‘Habéis oído que se dijo: «no cometerás adulterio». Pues yo os digo: «Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón’» (Mt 5, 27-28). El hombre no debe separar lo que Dios ha unido (cf Mt 19, 6).
La Tradición de la Iglesia ha entendido el sexto mandamiento como referido a la globalidad de la sexualidad humana.
¿Qué prohíbe el sexto Mandamiento?
Prohíbe toda impureza y toda relación sexual fuera del Sacramento del Matrimonio sin excepción.

Este mandamiento es para todos y nos abarca a todos a los casados, a los solteros, a los niños , los jóvenes, a los ancianos, a los sacerdotes y las religiosas.
El sexto mandamiento nos prohíbe toda acción, toda mirada, toda conversación contraria a la castidad, y la infidelidad en el matrimonio.
El Sexto mandamiento: Trata de todos los asuntos relacionados con la totalidad de la sexualidad humana. Prohíbe en acción lo que el noveno prohíbe en pensamiento o deseo.
«Oísteis que fue dicho a los antiguos: No adulterarás. Pues yo os digo que todo aquel que pusiese los ojos en una mujer para codiciarla, ya cometió adulterio en su corazón con ella. La justicia menor prohíbe cometer adulterio mediante la unión de los cuerpos; mas la justicia mas perfecta del reino de los cielos prohíbe cometerlo en el corazón. Y quien no comete adulterio en el corazón, mucho mas fácilmente cuida de no cometerlo con el cuerpo.» San Agustín, sobre el sermón de la montaña

San Agustín, sermones, 9,3 (Catena Aurea)

Esto es, no irás a buscar otra mujer que la tuya. Si exiges de tu mujer esto, ¿no querrás pagarle del mismo modo cuando debes darle ejemplo con tus virtudes? Es muy necio el que el hombre diga que esto no se puede hacer. Lo que hace la mujer, ¿no podrá hacerlo el hombre? No quieras decir: No tengo mujer y por lo tanto voy a buscar a una mujer pública y por ello no quebranto este precepto, puesto que dice: «No adulterarás». Ya has conocido lo que vales, el precio que Cristo pagó por ti: ya sabes qué comes y qué bebes, y también a quién comes y a quién bebes. Sepárate, pues, de las fornicaciones. Cuando corrompes la imagen de Dios (que eres tú), por las fornicaciones y por las complacencias carnales, el mismo Dios también (que sabe lo que te es útil), te manda esto para que no se destruya su templo, que tú has empezado a ser.

«El verdadero y auténtico católico es el que ama la verdad de Dios y a la Iglesia, cuerpo de Cristo; aquel que no antepone nada a la religión divina y a la fe católica: ni la autoridad de un hombre, ni el amor, ni el genio, ni la elocuencia, ni la filosofía; sino que despreciando todas estas cosas y permaneciendo sólidamente firme en la fe, está dispuesto a admitir y a creer solamente lo que la Iglesia siempre y universalmente ha creído. Sabe que toda doctrina nueva y nunca antes oída, insinuada por una sola persona, fuera o contra la doctrina común de los fieles, no tiene nada que ver con la religión, sino que más bien constituye una tentación. (San Vicente de Lérins. Commonitorio, El verdadero católico y el hereje, n. 20)

«Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
 Mateo 16:27
Mateo 13:41 El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los que pecan y hacen pecar.
Mateo 13:49 Así será en el fin del mundo; los ángeles saldrán, y sacarán a los malos de entre los justos.
Judas 1:6- 7
Y a los ángeles que no mantuvieron su posición de autoridad, sino que abandonaron su propia morada, los tiene perpetuamente encarcelados en oscuridad para el juicio del gran Día. Así también Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas son puestas como escarmiento, al sufrir el castigo de un fuego eterno, por haber practicado, como aquéllos, inmoralidad sexual y vicios contra la naturaleza.

Hechos 15:19-29 (DHH)

19 »Considero, por lo tanto, que no se les debe imponer cargas innecesarias a aquellos que, no siendo judíos, dejan sus antiguas creencias para seguir a Dios. 20 Basta con escribirles que se aparten de todo lo que haya sido contaminado por los ídolos, que eviten los matrimonios prohibidos  (la fornicación) y que no coman carne de animales estrangulados o ahogados, ni tampoco sangre. 21 Porque desde los tiempos antiguos hay en cada pueblo quienes predican la ley de Moisés, la cual se lee en las sinagogas cada sábado.

Sabiduría 4:6  (DHH)

Los hijos que nacen de relaciones prohibidas
serán prueba de la perversidad de sus padres,
cuando Dios llame a éstos a juicio.

Tobías 6, 16-22 (Biblia Vugata)
Díjole entonces el ángel Rafael: «Óyeme, y te enseñaré cuáles son aquellos sobre quienes tiene potestad el demonio.
Son los que abrazan con tal disposición el matrimonio, que apartan de sí y de su mente a Dios, dejándose llevar por su pasión, como el caballo y el mulo que no tienen entendimiento; ésos son sobre quienes tiene poder el demonio. Mas tú, cuando la hubieres tomado por mujer, y hayas entrado en el aposento, no llegues a ella en tres días, y no pienses en otra cosa sino en hacer oración en compañía de ella. En aquella misma noche, quemado el hígado del pez, será ahuyentado el demonio. En la segunda noche serás admitido en la unción de los santos patriarcas. En la tercera alcanzarás la bendición, para que nazcan de vosotros hijos sanos. Pasada la tercera noche te juntarás con la doncella en el temor del Señor, llevado más bien del deseo de tener hijos que de la concupiscencia, a fin de conseguir en los hijos la bendición propia del linaje de Abraham.
Tobias 8:7
 Yo ahora tomo por esposa a esta hermana mía,
no para satisfacer una pasión desordenada,
sino para constituir un verdadero matrimonio.
¡Ten misericordia de ella y de mí,
y concédenos llegar juntos a la vejez!».
 Hebreos 13:4 Tened todos en gran honor el matrimonio, y el lecho conyugal sea inmaculado; que a los fornicarios y adúlteros los juzgará Dios.

TOBÍAS 12:15 Yo soy Rafael, uno de lo siete ángeles que están delante de la gloria del Señor y tienen acceso a su presencia».

GOZOS EN HONOR A SAN RAFAEL ARCÁNGEL
De Dios íntimo Privado
Y su Ministro escogido:
¡Rafael, de Dios querido,
Dad la salud, invocado!
Tú eres en Naturaleza
Un puro espíritu, y tal,
Que en la Corte Celestial
Descuella tu grande Alteza;
Al sol vences en belleza,
Del eterno Sol bañado:
¡Rafael, de Dios querido,
Dad la salud, invocado!
En aquella antigua lid,
En que el valiente Miguel
Ajó al soberbio Luzbel,
Fuisteis invencible adalid.
Tropas del abismo, huid,
Pues ambos os han hollado:
¡Rafael, de Dios querido,
Dad la salud, invocado!
De los siete más vecinos
Al trono augusto de Dios
Por uno os cuentan a vos
Los oráculos divinos.
Nuestros discursos mezquinos
Vencen tan noble dictado:
¡Rafael, de Dios querido,
Dad la salud, invocado!
Principado en dignidad,
En las luces Querubín,
En las llamas Serafín,
Y trono en la majestad;
Reúnes la autoridad
Del Angélico Senado:
¡Rafael, de Dios querido,
Dad la salud, invocado!
Aunque tan grande en el Cielo
Del hombre no os desdeñáis,
De allá a la tierra bajáis
Para su guía y consuelo.
De Dios tomando el modelo
A nadie os negáis, llamado:
¡Rafael, de Dios querido,
Dad la salud, invocado!
Por vos Tobías el mozo
Libre de un susto mortal
Halló bienes sin igual,
Halló mujer, halló gozo.
Por vos llena de alborozo
A Raguel su suegro amado:
¡Rafael, de Dios querido,
Dad la salud, invocado!
Sara, antes entristecida
Con siete maridos muertos
(Por ti echado a los desiertos
Asmodeo), vuelve a vida,
Y a un santo marido unida
Prole feliz le has logrado:
¡Rafael, de Dios querido,
Dad la salud, invocado!
Tú de Gabelo el dinero
Para Tobías cobraste;
Tú siempre caudal hallaste
Al que te ama con esmero.
Siempre en ti un fiel tesorero
Halla el bien intencionado:
¡Rafael, de Dios querido,
Dad la salud, invocado!
Tú a Tobías el mayor,
Ya de muchos años ciego,
Con hiél de un pez diste luego
De la vista el resplandor.
Loa el anciano al Señor
Y ve al hijo suspirado:
¡Rafael, de Dios querido,
Dad la salud, invocado!
Tú ofreces en copa de oro
Al gran Rey de la alta Sión
La limosna, la oración
Y del pecho humilde el lloro.
La piedad es tu decoro
Y hacer bien al angustiado:
¡Rafael, de Dios querido,
Dad la salud, invocado!
Ángel de salud te llama
La Iglesia, la cual opina
Que el Ángel de la Piscina
Eres tú: y quien a ti clama
De tu caridad la llama
Presto siente remediado:
¡Rafael, de Dios querido,
Dad la salud, invocado!
Ya tu nombre mismo expresa
Que eres de Dios medicina;
De socorro rica mina
Todo el mundo te confiesa.
¡Feliz el que te profesa
Un amor fiel y alentado!
¡Rafael, de Dios querido,
Dad la salud, invocado!
No es Córdoba solamente
La que, por ti apadrinada,
Se vio pronto libertada
De un contagio pestilente:
A cualquiera edad y gente
La salud has alcanzado:
¡Rafael, de Dios querido,
Dad la salud, invocado!
Pues siempre das grato oído
Al que te llama confiado:
¡Rafael, de Dios querido,
Dad la salud, invocado!
Antífona: Príncipe gloriosísimo San Rafael Arcángel, acuérdate de nosotros, y aquí y en todo lugar ruega siempre por nosotros ante el Hijo de Dios.
℣. Estaba junto al altar del templo el Ángel.
℟. Teniendo en su mano un incensario de oro.
ORACIÓN
Oh Dios que has dado a Tobías tu siervo al bienaventurado Arcángel San Rafael como compañero para el viaje, concédenos la gracia, a quienes también somos tus siervos, que también podamos ser protegidos por su vigilancia y fortificados por su ayuda. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén