Viganò: Bergoglio promueve al clero homosexual

apostasia del anti papa bergoglio

Traducción Religion la Voz Libre
Entrevista a Mons Viganò-

Marco Tosatti: Su Excelencia, ¿puede decirnos cuáles son las noticias sobre el caso McCarrick?
Abp. C.M. Viganò: Me temo que no hay noticias, y esta es precisamente la noticia. Con la reducción de McCarrick al estado laico, se esperaba poner fin a un antiguo asunto que solo salió a la luz con mi testimonio en 2018, pero se ha hecho todo lo posible para que no salieran a la luz los detalles y resultados del proceso. El engaño perpetrado mediante la estrategia de proceder administrativamente en lugar de judicialmente, así como la decisión de Bergoglio de confirmar autoritariamente la sentencia [para que no hubiera más recursos], impidió que salieran a la luz no sólo los crímenes objetivos de McCarrick, sino también la responsabilidad de quienes durante años contribuyeron a ocultar la naturaleza y el alcance de los crímenes que cometió, protegiendo a sus cómplices y a quienes, con su silencio, han encubierto sus crímenes. De este modo, la condena del culpable no aclaró los oscuros detalles. 

Como simple laico, el Sr. McCarrick goza ahora de una total libertad de movimiento y de acción, y sigue siendo capaz de intervenir a todos los niveles: a nivel eclesial, incluso con aquellos que le encubrieron y le apoyaron, en el Vaticano y en otros lugares; a nivel político, social y financiero, a través de las personas que permanecieron en contacto con él y que recibieron favores de él. La reducción al estado laico no constituye en modo alguno una pena medicinal (ésta es sólo la premisa necesaria, por la probada indignidad del delincuente), no incluye ninguna forma de penitencia reparadora, ni hace justicia a las víctimas, sino que otorga al Sr. McCarrick la posibilidad de continuar imperturbable en su actividad delictiva, incluida la depredación sexual.
El procedimiento administrativo también impidió que las víctimas fueran escuchadas, mientras que los testimonios recogidos sólo recientemente por el abogado Jeffrey Lena, representante legal de la Santa Sede, parecen haber sido escritos bajo dictado: quienes han sufrido acoso justifican el retraso en la publicación del Informe, atribuyéndolo al gran volumen de testimonios,[4] con tonos indulgentes y justificantes difícilmente conciliables con la extrema gravedad de los delitos impugnados por los acusados. Parece que algunas víctimas, protegidas por un seudónimo, se han prestado a una operación destinada a aligerar la responsabilidad de la Santa Sede y a validar la narración que ésta mantiene ante la opinión pública. También se sospecha que estos testimonios anónimos son pura ficción. En cualquier caso, se trata de un engaño que debe ser denunciado con fuerza, porque si la corrupción de un prelado individual es un escándalo, el silencio culpable de quien representa a la Iglesia lo es aún más. Si estos episodios se hubieran verificado bajo el pontificado de Benedicto XVI, habrían desatado la furia de los medios de comunicación: su actitud recatada de comprensión hacia Jorge Mario revela la actitud cómplice de la información dominante.
Marco Tosatti: La convocatoria de la cumbre en el Vaticano (sobre abusos sexuales) fue anunciada como la ocasión de dar una respuesta firme y decidida a los escándalos sexuales del clero. En su discurso introductorio, el Papa Francisco había declarado: «En esta reunión, sentimos el peso de la responsabilidad pastoral y eclesial que nos obliga a discutir juntos, de manera sinodal, franca y profunda, cómo enfrentar este mal que aflige a la Iglesia y a la humanidad. El santo Pueblo de Dios nos mira y espera de nosotros no simples y previsibles condenas, sino medidas concretas y eficaces. Necesitamos ser concretos»[6].
Abp. Viganò: Las solemnes proclamaciones que precedieron, acompañaron y siguieron a esta reunión no condujeron en absoluto a ninguna acción práctica concreta, como se esperaba.[7] Así como durante la reunión no se dio respuesta a las legítimas e insistentes demandas hechas por los periodistas a Bergoglio el 26 de agosto de 2018, después de mi denuncia.[8]
En cuanto al contenido de las intervenciones en la cumbre, parece que incluso los escándalos sexuales del clero, en lugar de endurecer las penas y hacer más incisivas las intervenciones, sólo han llevado a una repetición casi obsesiva sobre el nuevo aspecto «sinodal» de la Iglesia, lo que corresponde a una intención precisa de cambiar su constitución en clave democrática. El arzobispo de Chicago Blase Cupich – amigo de Theodore McCarrick y presidente de la cumbre vaticana – centró su propia intervención en la cumbre en la «sinodalidad» como un pasaje necesario de «reforma estructural, legal e institucional» [9] de acción sólo nominalmente destinada a frenar los abusos.
Marco Tosatti: ¿De qué manera la «sinodalidad» puede ayudar a los obispos a resolver el problema del abuso del clero?
Abp. Viganò: La propuesta de establecer una comisión de laicos independientes que hubieran supervisado el trabajo de los obispos, formulada durante la asamblea plenaria de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos en noviembre de 2018, fue bloqueada por el Cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación de Obispos[10]. Esta intervención del Vaticano desautorizó las proclamaciones de «sinodalidad» tan pronto como las decisiones de las Conferencias Episcopales no coincidieron con lo que Roma quería. Sin embargo, considero que Su Eminencia el Cardenal Ouellet fue simplemente el ejecutor de las maniobras que le fueron impuestas desde arriba.
Marco Tosatti: ¿No es bueno que el Vaticano se guarde para sí mismo las decisiones que involucran cuestiones doctrinales y morales? 
Abp. Viganò: La autoridad del Romano Pontífice, que se expresa también a través de las Congregaciones Romanas, obviamente no puede ser delegada a órganos meramente consultivos que no tienen ninguna jurisdicción y que no forman parte de la estructura jerárquica de la Iglesia tal como Cristo la instituyó: sobre este punto tenemos que ser claros. Sin embargo, es significativo que el «camino sinodal» esperado por las máximas autoridades de Roma no encuentre ningún obstáculo, salvo en los momentos en que corre el riesgo de convertirse en algo embarazoso en los medios de comunicación, como es el caso de una comisión especial nombrada para recibir las denuncias contra los obispos.
Esta llamada a la «sinodalidad» es un tema muy querido por la corriente teológica progresista que quiere despojar a la estructura jerárquica de la Iglesia. A este respecto, los recientes artículos de Massimo Fagggioli son muy clarificadores. Es profesor en la Universidad de Villanova, donde el 11 de octubre de 2013 el entonces cardenal McCarrick afirmó que había apoyado la elección del cardenal Bergoglio durante las Congregaciones Generales previas al Cónclave que se había celebrado pocos meses antes, y que había hablado con «un caballero italiano muy influyente»[11] que le había confiado que en el plazo de cinco años el nuevo Papa reformaría la Iglesia.
Debería alarmar el hecho de que la misma escuela hoy en día está dando inquietantes signos de insatisfacción con el trabajo de Bergoglio, cuyo pontificado es definido como «en crisis» por «gente engañada»[12] – quizás porque los cinco años a los que McCarrick aludió no han dado los resultados que esperaban.
(…)
Recuerdo además que el cardenal Daniel DiNardo, presidente de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, fue desautorizado por el Vaticano, que lo sustituyó en la reunión de Roma del febrero siguiente por los cardenales Blase Cupich y Joseph William Tobin, que tampoco están exentos de sospechas por su propia cuenta. Estas interferencias, claramente deseadas desde arriba, han creado una imagen mediática que no se corresponde con la realidad, en la que Bergoglio se presenta como el arquitecto de una reforma inexistente, con meros fines propagandísticos. Incluso la petición de Francisco de la dimisión de todo el Episcopado chileno es parte de una operación de fachada claramente negada por los hechos.
La doble medida reservada a las Conferencias Episcopales americana y francesa es, a mi juicio, emblemática: por parte americana, el intervencionismo bergogliano impidió una operación de transparencia por parte de la autoridad; mientras que por parte francesa permitió claras violaciones del derecho canónico y civil, permitiendo confiar las investigaciones del foro eclesiástico a un juez masónico que también está a favor de la eutanasia. El espíritu jacobino en la persecución de los clérigos franceses acusados de abuso sexual de menores no reconoce, sin embargo, la responsabilidad de los Ordinarios y de los Superiores religiosos, culpables de esos mismos encubrimientos que se consolidan en la práctica también en Roma.
Marco Tosatti: ¿Cuáles son esos otros intereses, en su opinión?

Abp. Viganò: Quieren centrar la atención en el abuso de menores, alejándolo de la clara y obediente condena de los comportamientos homosexuales que a menudo son la causa de estos abusos. Para Bergoglio y su séquito la sodomía no es un pecado que clame venganza en presencia de Dios, como enseña el Catecismo. Las palabras de Bergoglio sobre este tema – y aún más las acciones y palabras de aquellos que lo rodean – desafortunadamente confirman que una operación de legitimación de la homosexualidad está en curso, y que los prelados y teólogos que están llevando adelante esta discusión la cual han manifestado sin equívoco,  son infieles a la enseñanza católica.

El propio cardenal Tobin – cuyos embarazosos mensajes en su teléfono celular hablan por sí mismos[14] – ha declarado claramente que no está de acuerdo con la condena de la sodomía presente en el Catecismo, negándose a definir los actos homosexuales como «intrínsecamente desordenados»[15]. Y estas declaraciones siguen al apoyo del cardenal Tobin al libro Building a Bridge del padre James Martin, S.J., que tiene el mismo contenido. Así vemos a un cardenal amigo de McCarrick (Tobin) alineado a favor de los movimientos LGBT y al jesuita que Bergoglio nombró como Consultor del Secretariado de Comunicaciones de la Santa Sede, incluso invitándolo a hablar en el Encuentro Mundial de las Familias en Dublín en 2018 y recibiéndolo en audiencia[16].El Cardenal Cupich se ha expresado muchas veces a favor de los homosexuales, y durante el Sínodo de la Juventud – al que fue enviado a participar por designación directa del Papa sin haber sido elegido para representar a los obispos americanos – el polémico tema de las relaciones homosexuales fue insertado en el Instrumentum Laboris a pesar de que ningún grupo de jóvenes lo había solicitado. Recuerdo, de paso, que Cupich fue impuesto en la sede de Chicago por Bergoglio, en contra de la opinión de la Nunciatura.Por lo tanto, los intereses son claramente los del «lobby gay» que se ha infiltrado en la Iglesia y que está literalmente aterrorizado de que los buenos pastores arrojen luz sobre la influencia que ejercen en la Secretaría de Estado, en las Congregaciones de la Curia Romana, en las Diócesis y en toda la Iglesia. El obsceno, incluso sacrílego fresco homoerótico que el arzobispo Paglia encargó para la catedral de Terni[17] es un arrogante manifiesto ideológico que ninguna autoridad ha censurado o deplorado jamás; los excesivos asuntos financieros del Sustituto de la Secretaría de Estado Arzobispo Edgar Peña Parra[18] – vinculado al Cardenal Maradiaga (implicado en el escándalo de abusos homosexuales por su obispo auxiliar, Juan José Pineda, sin que se tenga noticia de ninguna iniciativa eclesiástica en su contra) – y las gravísimas acusaciones (de abuso homosexual) que pesan sobre él[19] y que he denunciado ampliamente,[20] no han interrumpido en modo alguno su cursus honorum en el Vaticano; lo mismo vale para el obispo Gustavo Óscar Zanchetta,[21] a quien Bergoglio ha promovido y, mientras está pendiente un proceso penal, ha vuelto a ser nombrado recientemente Asesor de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica. Tras la orden de llevar a la APSA todas las cuentas corrientes de las diócesis y congregaciones religiosas del mundo, Zanchetta se encuentra gestionando las finanzas de la Iglesia (pudiendo presumir en su propio currículum de tener el título autorizado de electricista) y siendo al mismo tiempo fácilmente objeto de chantajes internos y externos. Y no olvidemos la labor del arzobispo Ilson de Jesus Montanari, secretario de la Congregación de Obispos, secretario del Sagrado Colegio y vice-Camerlengo de la Santa Iglesia Romana, en nombre y por cuenta de quienes lo elevaron a los más altos rangos de la Curia Romana como premio a su fidelidad.Creo que es esencial aclarar de una vez por todas el estrecho vínculo entre la sodomía y la pedofilia, lo que también confirman las propias estadísticas: un vínculo que la cumbre vaticana mantuvo escrupulosamente en silencio para no ofender la mentalidad actual, muy extendida incluso entre muchos prelados. Pero sería hipócrita y culpable condenar la pedofilia en la estela de la actual legislación civil sin condenar igualmente la sodomía, que el pensamiento alineado de hoy no considera de relevancia criminal pero que la Iglesia identifica entre los pecados que claman venganza en la presencia de Dios.