La devoción de Santa Clara por el Santísimo Sacramento hizo retroceder invasión musulmana

santa-clara retrocedan ejercitos enemigos

                               En 1241 los sarracenos atacaron la ciudad de Asís. 

 

 

De las maravillas de su oración y, primero,
de los sarracenos puestos en fuga milagrosamente
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 21. Me agrada narrar ahora los prodigios de su oración, con tanta fidelidad en cuanto a cómo fueron como con merecidísima veneración. Durante aquella tormenta que azotó a la Iglesia en diversas partes del mundo, bajo el emperador Federico, el valle de Espoleto tuvo que beber más frecuentemente del cáliz de la ira.

A modo de enjambres de abejas, estaban estacionados en el valle, por mandato imperial, escuadrones de caballería y arqueros sarracenos, con el propósito de destruir las fortalezas y expugnar las ciudades fortificadas. En esta situación, lanzóse una vez el furor enemigo contra Asís, ciudad predilecta del Señor, y avecinándose ya el ejército a las puertas, los sarracenos, gente pésima sedienta de sangre cristiana y capaz de los peores crímenes, cayeron sobre San Damián y entraron en él, hasta el claustro mismo de las vírgenes.

 Se derriten de terror los corazones de las damas pobres, balbucean presas de espanto y acuden a su madre entre lágrimas. Ésta, impávido el corazón, manda, pese a estar enferma, que la conduzcan a la puerta y la coloquen frente a los enemigos, llevando ante sí la cápsula de plata, encerrada en una caja de marfil, donde se guarda con suma devoción el Cuerpo del Santo de los Santos.

santa clara

22. Y prosternándose de bruces en oración ante el Señor, le dice a su Cristo entre lágrimas: «¿Te place, mi Señor, entregar inermes en manos de paganos a tus siervas, a las que he criado en tu amor? Guarda, Señor, te lo ruego, a estas tus siervas a las que no puedo defender en este trance». En seguida, desde este propiciatorio de la nueva gracia, una voz como de niño se dejó sentir en sus oídos: «Yo siempre os defenderé». «Mi Señor -añadió Clara-, protege también, si te place, a esta ciudad que nos sustenta por tu amor». Y Cristo a ella: «Soportará molestias, mas será defendida por mi fuerza». En esto la virgen, levantando el rostro bañado en lágrimas, conforta a las que lloran diciéndoles: «Hijitas, yo salgo fiadora de que no sufriréis nada malo; basta que confiéis en Cristo». De inmediato, repentinamente, la audacia de aquellos perros, rechazada por fuerza misteriosa, se convierte en pánico, y, escapándose de prisa por los muros que habían escalado, fueron dispersados por el valor de la suplicante. A continuación Clara conmina a las que habían oído la referida voz, prohibiéndoles con seriedad: «Hijas carísimas, guardaos en absoluto, mientras yo viva, de revelar esto a nadie».

SANTA CLARA DE ASIS

“No temáis, porque yo soy fiadora de que no sufriréis mal alguno, ni ahora ni en el futuro, mientras obedezcáis los Mandamientos de Dios”.

Santa Clara te rogamos para que  intercedas  por Europa para que  huya y  retroceda el ejercito invasor Musulmán enemigo  que  amenazan también en nuestros días  a la cristiandad.