San Antonio María Claret advirtió que los males que amenazan a España son el comunismo y la descatolización

S Antonio María Claret                   “Aunque supiera que de mí han de hacer pedazos, no quiero callar”

San Antonio María Claret (1807 – 1870), Fundador de los Claretianos. Profetizó  los  castigos venideros: el reino de la lujuria, la descristianización y el comunismo.

   “El día 23 de Septiembre (de 1859), a las siete de la mañana, el Señor me dijo: “Volarás por la Tierra, o andarás muy de prisa y predicarás los grandes castigos que se avecinan”. El Señor me dio a conocer grandes cosas sobre aquellas palabras del Apocalipsis, 8,13: “Et Vidi et audivi vocem unius aquilae,” (Y vi y escuché la voz de un águila ), que volaba por el cielo y decía con voz gruesa y alta: Ay! ay! ay! de los habitantes de la Tierra por causa de los grandes castigos que vendrán. Entre ellos están el protestantismo (descatolización) y el comunismo …”

San Antonio María Claret profetizó en 1861, ya como confesor de la Reina Isabel II, “el Señor me hizo conocer los tres grandes males que amenazan a España, y son: el protestantismo, mejor dicho, la descatolización, la república y el comunismo. Para atajar a estos tres males me dio a conocer que se habían de aplicar tres devociones: el Trisagio, el Santísimo Sacramento y el Rosario”.

 

—Daños del pecado de impureza: 

804.   Hoy, día 30 de abril de 1864, me han llamado para ir a ver a un enfermo. He ido. El enfermo era un joven de 19 años. Al principio que yo me hallaba en Madrid, se confesaba conmigo y seguía muy bien, frecuentaba los santos sacramentos, se encomendaba a María Santísima y se llevaba en todo según mis consejos. Después se hizo con malos compañeros, ya no vino más a confesar[se] conmigo, pero antes de morir me llamó; yo fui y me dijo: «Yo muero tísico por haberme dejado arrastrar del vicio de la masturbación, por haber dejado de frecuentar los santos sacramentos y de encomendarme a María Santísima». Después de haberse despedido de mí, murió a las pocas horas.

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San Antonio María Claret profetizó: “Si [los pecadores] aún no se despiertan, [Dios] pasará a castigarles el cuerpo con la peste o cólera”. Vino pues la epidemia del cólera-morbo, que en tres meses hizo 2.734 víctimas.

Defensor del Sacramento del Matrimonio: Antonio María obtuvo un permiso para predicar misiones en Cataluña y en las islas Canarias. «Operaba curaciones milagrosas, tanto materiales cuanto espirituales, expeliendo demonios de los posesos, regularizando matrimonios de mal casados. A ello lo movía el intenso deseo de librar las almas del infierno, pues “me obliga a predicar sin parar el ver la multitud de almas que caen en los infiernos, pues que es de fe que todos los que mueren en pecado mortal se condenan”.

«Nombrado arzobispo de Santiago de Cuba en 1850, afirma en sus palabras de saludo que “La Prelada será la Virgen Santísima. Mi forma de gobierno será la que Ella me inspire”. En la primera misión que predicó en la isla el fruto fue tan grande, que 40 confesores no fueron suficientes para atender todas las confesiones. La comunión general, distribuida por tres sacerdotes, duró ¡seis horas! Solamente en aquella misión, fueron regularizados 8.557 matrimonios.

San Antonio María Claret combatió los errores de los socialistas.

“Con esas peroraciones y con los demás medios tan halagüeños y fascinantes, y amenazando e insultando al que no cedía al momento, así fue como [el movimiento socialista] tomó grandes proporciones en tan poco tiempo”.

717.   De algunos años a esta parte ha habido mucha apatía, tanto de parte de los gobernantes como de parte de los eclesiásticos; y los socialistas y los protestantes han sabido aprovechar bien la ocasión. Y mientras los unos han dormido, los otros han sembrado la cizaña en aquel hermoso campo. 

729.   Conocen los protestantes y comunistas, y socialistas que los enemigos mayores que tienen, que les desbaratan sus planes, son los Sacerdotes católicos; pues que siendo sus errores tinieblas, basta que los Sacerdotes católicos presenten a la luz de la doctrina católica que las tinieblas por sí mismas desaparecen.

La Santísima Virgen le dijo a San Antonio María Claret en el siglo XIX: «En el Santo Rosario está cifrada la salvación de España.

¡Oh Inmaculada Virgen y Madre de Dios, Reina y Señora de la gracia! Dignaos por caridad dar una compasiva mirada a este mundo perdido. Reparad como todos han abandonado el camino que se dignó enseñarles vuestro Santísimo Hijo; se han olvidado de sus santas leyes y se han pervertido tanto, que se puede decir: “Non est qui faciat bonum, non est usque ad unum”. Se ha extinguido en ellos la santa virtud de la fe, de suerte que apenas se encuentra sobre la tierra. ¡Ay! Extinguida esta divina luz, todo es obscuridad y tinieblas, y no saben donde caen. Sin embargo, agolpados van con paso apresurado por el ancho camino que les conduce a la eterna perdición. ¿Y queréis Vos, Madre mía, que yo, siendo un hermano de estos infelices, mire con indiferencia su total ruina? ¡Ah no! Ni el amor que tengo a Dios ni el que tengo al prójimo lo pueden tolerar. […] ¿Cómo tendré caridad, si, sabiendo que los carnívoros lobos están degollando a las ovejas de mi amo, callo? ¡Ah!, no es posible callar, Madre mía, en tales ocasiones; no, no callaré, aunque supiera que de mí han de hacer pedazos; no quiero callar; llamaré, gritaré, daré voces al cielo y la tierra a fin de que se remedie tan gran mal; no callaré; y si de tanto gritar se vuelven roncas o mudas mis fauces, levantaré las manos al cielo, se espeluznarán mis cabellos, y los golpes que con los pies daré en el suelo suplirán la falta de mi lengua. (San Antonio María Claret. Autobiografía y escritos. BAC, Madrid, 1959, p. 236-237)

“¿En qué consiste la verdadera devoción a María Santísima?” –contesta San Antonio María Claret :

“En abstenerse de todo pecado, imitar sus virtudes, tributarle algunos obsequios, frecuentar los Santos Sacramentos, y hacer bien, con agrado …y perseverancia, las oraciones y demás cosas de su servicio”.

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San Antonio María Claret, perseguido y desterrado, falleció el día 24 de octubre de 1870, a la edad de 62 años, en el monasterio cisterciense de Fontfroide, Francia.

Su cuerpo fue depositado en el cementerio monacal con una inscripción de Gregorio VII que rezaba: “Amé la justicia y odié la iniquidad, por eso muero en el destierro”.

Fue beatificado por Pío XI en 1934 y canonizado por Pío XII el 7 de mayo de 1950.