Francisco designó a Nigel Biggar, un partidario del aborto legal, como miembro de la Pontificia Academia para la Vida, informa el “Catholic Herald”. Hoy se publicó una lista de 45 miembros de la Academia.
Biggar es profesor de Teología Moral y Pastoral en la Universidad de Oxford. En una discusión con el filósofo Peter Singerin dijo en el 2011: “yo estaría inclinado a trazar la línea para el aborto a las 18 semanas después de la concepción».
En su libro «In Defence of War» [En defensa de la guerra] (2014) Biggar afirma que el asalto de Estados Unidos sobre Irak fue una “guerra justa».
Los estatutos de la Academia fueron modificados en noviembre del 2016. Su presidente, el arzobispo Vincenzo Paglia dijo en ese momento: “los nuevos estatutos requieren un compromiso más fuerte por parte de los miembros a la enseñanza pro-vida de la Iglesia, más que los antiguos estatutos”. Éstos últimos exigían a los miembros que prometieran defender la vida humana, de acuerdo con el magisterio de la Iglesia.
Edward Pentin señaló que el pro-abortista ministro anglicano, Nigel Biggar, también apoya la eutanasia. Comentó que tampoco se explica la presencia de Mohamed Haddad, profesor musulmán de civilización árabe y religión comparada en la Universidad de Cartago en Túnez. Y resaltó que dentro de los nuevos miembros se encuentra (la radical feminista apóstata), Anne-Marie Pelletier, (que con el apoyo de Bergoglio adulteró el Viacrucis del pasado Viernes Santo), que apoya las comuniones sacrílegas para adúlteros, y los seudo-matrimonios homosexuales y quiere cambiar el Evangelio.
Hace escasas fechas, en una reciente entrevista concedida al periódico español anticlerical, masónico y globalista “El Mundo” hemos tenido ocasión de escuchar al Prepósito General de los Jesuitas, D. Arturo Sosa, despacharse a gusto con el Magisterio de la Iglesia (aquí).
Arturo Sosa ya era amigo de Jorge Mario Bergoglio, admirador de Arrupe (aquí) y seguidor de la marxista teología de la liberación (aquí).
En pocas palabras ha sido capaz de mostrarse a favor del reconocimiento civil de las uniones homosexuales, de aceptar como algo normal la homosexualidad dentro de la vida religiosa y abogar por una mayor participación de las mujeres en la Iglesia, a las que espera que se les abran más puertas, además del diaconado, en clara e implícita alusión al sacerdocio femenino.
Uno está ya tristemente acostumbrado a las declaraciones escandalosas vertidas cada día por los jerarcas y teólogos favorecidos de Francisco, que vomitan sus venenosas opiniones por diarios, televisiones, audiencias generales, conversaciones informales… e incluso en L´Osservatore Romano, creando una pastoral deletérea que emponzoña los corazones de los pobres fieles desinformados que se alimentan de ellas. Pero tras las afirmaciones vertidas, y otras más, que revelan a una persona peligrosamente heterodoxa y sin la fe católica, una última apostilla realizada al final de la entrevista me ha llamado ciertamente la atención por su crudeza.
Recordemos la literalidad de sus palabras:
Entrevistador (Jorge Benítez): “Para terminar quería preguntarle si cree que el mal es un proceso de la psicología humana o proviene de una entidad superior”.
Arturo Sosa: “Desde mi punto de vista, el mal forma parte del misterio de la libertad. Si el ser humano es libre, puede elegir entre el bien y el mal. Los cristianos creemos que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto Dios es libre, pero Dios siempre elige hacer el bien porque es todo bondad. Hemos hecho figuras simbólicas, como el diablo, para expresar el mal. Los condicionamientos sociales también representan esa figura, ya que hay gente que actúa así porque está en un entorno donde es muy difícil hacer lo contrario”.
Como todo católico formado sabe, la existencia del Demonio y su influjo maléfico en los hombres con la finalidad de hacerles perder la gracia y llevarles a la condenación eterna es dogma de fe (1). Y negar pertinazmente un dogma de la Iglesia implica quedar separado, automáticamente, de la Iglesia, del cuerpo místico de Cristo y apartado de la gracia santificante. Así define este gravísimo pecado el canon 751:
“Se llama herejía la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma”;
La herejía hace incurrir a quien la mantiene en excomunión lataesententiae. Recordemos el canon 1364:
“§ 1. El apóstata de la fe, el hereje o el cismático incurren en excomunión latae sententiae, quedando firme lo prescrito en el c. 194 § 1, 2; el clérigo puede ser castigado además con las penas enumeradas en el c. 1336 § 1, 1, 2 y 3.
2. Si lo requiere la contumacia prolongada o la gravedad del escándalo, se pueden añadir otras, sin exceptuar la expulsión del estado clerical”.
El canon 194.2 citado es causa de remoción del oficio eclesiástico, por haberse apartado públicamente de la fe católica o de la comunión de la Iglesia, algo que sólo podría hacer la cabeza de la Iglesia o la propia Orden jesuita, reunida al efecto, y que, claro está, nunca se daría en las circunstancias actuales de apostasía generalque se dan en Francisco y en la Compañía de Jesús, otrora pilar y columna de la Iglesia, resumen de la ortodoxia y, por ello, perseguida y expulsada de sus países por ministros y reyes masónicos en Europa durante los siglos XVIII, XIX y XX (en España, la expulsión se produjo en 1767 y fue obra directa del Gran Oriente español, el ministro masón Conde de Aranda a la cabeza).
La pertinacia en la negación se desprende de sus mismas palabras, pues no se trata de una ocurrencia espontánea sino de una creencia sostenida, de su propio “punto de vista”, como dice el Prepósito. Aquí se echa de ver lo que antes denunciábamos: estas personas nunca se adhieren al magisterio de la Iglesia sino a su propia doctrina, que vomitan sin empacho como una opinión de taberna.
Incurre en un segundo error D. Arturo Sosa: no es auténtica libertad la que le permite al hombre escoger el mal. Como nos explicó Santo Tomás, la libertad auténtica sólo escoge el bien cuando, por gracia divina así se nos lo permite. Elegir el mal no es libertad, sino albedrío, y esa elección no es pura: es el Demonio, el mundo y la carne los que tientan al sujeto para hacerlo y, si lo hace, se hace esclavo del pecado, se aparta de Dios y se hace hijo del Diablo. Es puro pelagianismo decir que el hombre puede siempre elegir libremente el bien por pura gracia, que el hombre recibe del Espíritu Santo, principalmente por mediación de los sacramentos, que administra la Iglesia.
Negar la gracia es signo inequívoco de modernismo y marca indeleble del que desconoce a Dios: considera igualmente el padre Sosa que los condicionamientos sociales pueden hacer muy difícil oponerse al pecado. Se trata ahora de una afirmación muy propia del constructivismo filosófico, del subjetivismo de Kant y del pensamiento líquido de Vattimo o Derrida. Es puro materialismo filosófico el que considera que las circunstancias sociales y personales impiden al hombre liberarse del pecado. Es el eje del pensamiento inmanentista de Marx, y antes, de Lutero. Y ese pensamiento condescendiente con el pecado impregna también AmorisLaetitia cuando deja caer que a una persona que viva en adulterio con una segunda persona con la que ha tenido hijos – y que no es su cónyuge – se le hace imposible dejar de pecar con ella y, lo que es más, no debería dejar de tener relaciones sexuales con la susodicha si no quiere incurrir en nuevas culpas (infidelidad o abandono del hogar)(2). Terrible confusión, que destroza el magisterio inmortal de la Iglesia. Sabemos que la gracia permite siempre apartarse del pecado y que no hay situación ni circunstancia, por difícil que sea, que le impidan al hombre dejar de pecar y vivir unido a Cristo, en su Cruz.
Pero lo más grave viene cuando el padre Sosa considera que el Demonio es una figura simbólica fabricada por el hombre. Esto es pura herejía. No caben lenitivos ni paños calientes para salvarla. La naturaleza de la fe es tal que al negar un solo dogma de fe se niegan automáticamente todos los demás, pues está construida como un edificio perfecto y armonioso, apoyado en todo ellos: desplazado uno de ellos toda la fe de la Iglesia se derrumba.
Recordemos lo que decía Santo Tomás de Aquino en su Cuestión 5ª, artículo 3:
“El hereje que rechaza un solo artículo de fe no tiene el hábito ni de la fe formada ni de la fe informe. Y la razón de ello está en el hecho de que la especie de cualquier hábito depende de la razón formal del objeto, y si ésta desaparece, desaparece también la especie del hábito. Pues bien, el objeto formal de la fe es la Verdad primera revelada en la Sagrada Escritura y en la enseñanza de la Iglesia. Por eso, quien no se adhiere, como regla infalible y divina, a la enseñanza de la Iglesia, que procede de la Verdad primera revelada en la Sagrada Escritura, no posee el hábito de la fe, sino que retiene las cosas de la fe por otro medio distinto. Como el que tiene en su mente una conclusión sin conocer el medio de demostración, es evidente que no posee la ciencia de esa conclusión, sino tan sólo opinión”.
En efecto, si se niega la existencia real del Demonio como persona se niega la existencia de los ángeles. Si se niega el Demonio y a sus ángeles caídos con él al Infierno tras su revolución se niega el pecado original, que fue instigado por Satanás mismo; y se niega el Infierno, preparado por Dios para ellos por su rebelión. Si se niega el Infierno, todos estamos salvados y nadie se condena, esto es, el Infierno está vacío (la vieja herejía de la apocatástasis). Si todos estamos salvados, ¿a qué vino Cristo al mundo? Y si Cristo no vino al mundo para ofrecer la salvación a los hombres es que Cristo no es Dios, sino un mero hombre, bonancible y buen orador, que por supuesto no hacía milagros (los panes y los peces no se multiplicaron, simplemente no se acabaron) (3), claro, sino que se paseaba por Palestina para predicar la liberación natural del hombre de las estructuras injustas de su época (¡¡!!).
Con su negación del demonio, Arturo Sosa traiciona a tantos y a tantos santos que combatieron con Satanás cara a cara, física y espiritualmente. D. Arturo le está diciendo a la española Sor Esperanza de Jesús (en el siglo Josefa Alhama Valera) que no se cree que el Demonio le atizara habitualmente en la cara con un ladrillo, rompiéndole los dientes; ni que la levantara en vilo para chocarla contra el techo o la pared, en presencia de decenas de testigos; ni que le metiera la cabeza en el wáter a la fuerza (4)
Con la negación del demonio, Arturo Sosa no se cree que el padre Pío peleara durante muchas noches con el Diablo a puro puñetazo, ni que le pegara golpes en la espalda y en la cara.
Con la negación del demonio, Arturo Sosa no se cree que a Ana Katalina Emmerick se le apareciera en forma de perro para perseguirla cuando hacía sus viacrucis; ni tampoco su visita al Infierno (aquí).
Negando al Demonio el padre Sosa trataría de alucinada a Santa Gema Galgani, y a otros santos poseídos por el Demonio, por voluntad de Dios, para probar la pureza de su alma, su soberanía sobre ellas y para darles a conocer a los demás la existencia del príncipe del mal.
Con la negación del demonio, Arturo Sosa le está diciendo en la cara a Sor Josefa Menéndez que era falso que pasara más de cien noches enteras en el Infierno, acosada por los demonios, penando para salvar almas del Purgatorio, desapareciendo previamente del salón en que cosía con sus hermanas para volver a aparecer al día siguiente entre ellas oliendo a azufre y pálida como la leche (aquí).
Negando al demonio, Arturo Sosa le diría nada menos que a Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, que era una lunática porque dijo que el Señor la había llevado de visita al Infierno, consintiendo Cristo en que padeciera en su espíritu los tormentos y aflicciones del Averno, explicando luego con pavor las terribles torturas y penas que allí pasaban los pobres condenados (aquí).
También se ría de Santa Faustina Kowalska cuando advetía del carácter eterno del Infierno y de la compañía en él, incesante, de Satanás (aquí).
Y negando al Demonio Arturo Sosa parece llamar inculta alucinada a Olivita de Garagoa, un alma sencilla y piadosa, católica colombiana, analfabeta, huérfana, fallecida hace pocos años, quien pasó la durísima prueba de ser llevada por Cristo al Infierno, dejándonos una de las descripciones más duras y perturbadoras de la historia de la Iglesia, con las terribles torturas que allí infligen a adúlteros o a las mujeres que han abortado y han muerto impenitentes. (aquí).
El mismo San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, incluye en sus ejercicio espirituales la meditación del Infierno, pidiendo a quienes los hacen que pidan “el interno sentimiento de la pena que padecen los dañados (condenados), para que si del amor eterno del Señor eterno me olvidare por mis faltas, a lo menos el temor de las penas me ayude para no venir (caer) en pecado”.
Podríamos hacer un Tratado solo con testimonios de santos y beatos que tuvieron ocasión de ver y enfrentarse al Enemigo, dejando pruebas de todo tipo. Pero creo que bastan las enunciadas.
Finalmente, se mofa de la misma Virgen Santísima, quien hizo ver a los pastorcitos en Fátima el Infierno, niños que frisaban los 10 años de edad, a los que no ahorró esta dolorosísima experiencia, que supuso en sus vidas un cambio radical, santificándolos de golpe de ahí en adelante, queriendo ofrecer sus vidas para salvar almas de semejante tortura (aquí) , como hicieron Lucía y Francisco.
Hace escasos días el padre Sosa parece haberse desdicho de semejante herejía (aquí). Esperemos que sea sincero y que no actúe como aquellos que dicen una cosa pero piensan lo contrario de lo que dicen…
Oremos, hermanos, para que el padre Arturo Sosa no caiga víctima de su racionalismo y no se condene. Y no añada a su culpa por herejía la pena del castigo por el escándalo y mal ejemplo que da con estas opiniones opuestas al magisterio de la Iglesia. No vaya a ser, por Dios, esclavo de aquél al que niega personalidad, porque suelen ser los que rechazan la existencia del Demonio los que más caen víctimas de sus garras. Ya lo dijo Baudelaire: «el mayor engaño del diablo es hacernos creer que no existe». No vaya a ser el Prepósito general de los jesuitas una de esas estrellas arrastradas por el viejo Diablo con su cola (Apoc., 12, 4), uno de esos astros negros de fulgor azabache que sirven de escabel al Ángel caído. ¡Que el Señor le reprima, pedimos suplicantes (Zc. 3, 2)¡
Virgen Santísima, debeladora de todas las herejías, ¡písale la cabeza a la serpiente antigua! San José bendito, terror de los demonios, ¡aleja a los malos espíritus de nosotros y de nuestras familias!.
Señor mío y Señor nuestro… liberanos a Malo, Amén.
Antonio José Sánchez Sáez
Domingo, 11 de junio, festividad de la Santísima Trinidad
Nota: Arturo Sosa se ha desviado de la fe católica y ha caído en apostasía; incluso si ahora Sosa dice que cree en el diablo, no está en comunión con la Iglesia Católica, porque rechaza públicamente la doctrina moral católica, manifestándose a favor de los pseudo-matrimonios civiles gay, de los curas gay, de la pseudo-identidad gay y del diaconado femenino.
Por cuántas décadas hemos estado preguntando, “¿qué ha sucedido con los jesuitas?” Desde los tiempos del evolucionismo cósmico de Teilhard de Chardin, y su Cristo Omega, los católicos leales, católicos devotos —de hecho, incluso los católicos comunes— han estado rascándose la cabeza acerca de ciertos personajes de la Compañía de Jesús. Ustedes saben, a ellos les quedaría muy difícil justificar delante del fundador de su orden, San Ignacio, lo que han estado haciendo, diciendo y enseñando durante sus carreras jesuíticas, pero que – irónicamente – son públicamente alabados por sus diversas heterodoxias y herejías.
Bergoglio le permitió a esta pareja homosexual la adopción gay subrogada y comulgar sacrílegamente en 2012.
Los lectores pueden recordar algunos de los más escandalosos entre ellos, — por ejemplo, Robert Drinan, el sacerdote jesuita que sirvió en el Congreso de los Estados Unidos entre 1971 a 1981. Aparte de desafiar la prohibición contra los sacerdotes que actúan como funcionarios públicos elegidos, Drinan se hizo conocido por su ferviente defensa del aborto legal.Luego está el Padre Adolfo Nicolás, ex superior general de la Orden, quien describió a la Iglesia Católica como “un complicado sistema de controles y regulaciones que alejan el Evangelio de alguna manera de la gente”. Incluso propuso alternativas a la doctrina católica que definió como “formas más liberadoras de sabiduría religiosa y experiencias, imposibles de sistematizar, de vacío radical, de no dualismo y de trascendencia” (L’Espresso, 23 de enero de 2008). El Padre Nicolás mostró su desdén hacia la Iglesia cuando explicó que “los cristianos tenemos que pensar y reconsiderar nuestras prácticas cristianas, desde las simples devociones a las celebraciones sacramentales”.
Y, más recientemente, el Padre Gregory Boyle, un jesuita que, a pesar de disentir abiertamente de las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo y la ordenación sacerdotal de las mujeres, recibió la prestigiosa Medalla Laetare de la Universidad «Católica» de Notre Dame esta primavera. Él ha descrito la oposición al matrimonio gay como «demonización de la gente» y ha dicho que la prohibición de la Iglesia contra la ordenación de las mujeres es «vergonzosa» y «absurda» (Cardinal Newman Society, 4 de abril).
El Padre Arturo Sosa Abascal, recién elegido superior general jesuita afirmó en una entrevista con el periodista suizo Giuseppe Rusconi que las palabras de Jesús condenando el divorcio (Mt 19, 4-9) son «relativas» y deben ser «discernidas» según la «conciencia» de cada individuo (Rossoporpora, 18 de febrero). Se trata, suponemos, de su aportación ostensible al debate sobre Amoris Laetitia, la polémica exhortación apostólica del Papa Francisco que aborda el tema de los católicos divorciados y «vueltos a casar». Amoris Laetitia ha sido ampliamente interpretado, con razón, como el consentimiento papal para que los católicos civilmente casados de nuevo reciban la Santa Comunión, lo que significa que estos católicos divorciados – a pesar del claro imperativo de Jesús en contra – no son adúlteros.
Sosa continuó: “[Durante el tiempo de Jesús], nadie tenía una grabadora para registrar sus palabras. Lo que se sabe es que las palabras de Jesús deben ser contextualizadas, expresadas en un lenguaje, en un contexto específico, dirigidas a alguien en particular ”.
Para no ser mal interpretado, el Padre Sosa aclaró su posición en la misma entrevista: “En el último siglo en la Iglesia ha habido un gran florecimiento de estudios que buscan entender exactamente lo que Jesús quiso decir …. Eso no es relativismo, sino que atestigua que la palabra es relativa, que el Evangelio está escrito por los seres humanos, que es aceptado por la Iglesia que está compuesta por personas humanas …. Así que es verdad que nadie puede cambiar la palabra de Jesús, pero uno debe saber cuál era!”.
Sosa debe ser elogiado por la sinceridad de sus aserciones. No deja mucho a la imaginación; No canta su lenguaje en ambigüedades intencionadas que luego puede esconder en su propia defensa. (…) Aparte de ser agnóstico – o quizás gnóstico – (…)
Por lo tanto, la aseveración del Padre Sosa es tan insignificante como él dice que son las palabras de Jesús registradas o no registradas en los Evangelios. Decir que no podemos confiar en los Evangelios como relatos claros de las acciones y los dichos de Jesús equivale a decir que los Evangelios no son dignos, no inspirados y no son confiables.
Aún más extraño: el Padre Sosa parece creer que si un erudito contemporáneo trabaja lo suficientemente duro, puede «discernir» lo que Jesús dijo en realidad —lo cual sería una perversión desenfrenada de las reglas de discernimiento de San Ignacio (es decir, los Ejercicios Espirituales de San Ignacio).
No es difícil, entonces, acusar al jesuita superior general — llamado Papa Negro, líder internacional de la Compañía de Jesús— de relativizar la Biblia, descartando las palabras de Jesús y participando en la herejía doctrinal. Y eso es exactamente lo que ha concluido el cardenal Raymond Burke. “Esto es completamente incorrecto», dijo el cardenal Burke sobre los comentarios de Sosa en una entrevista con InfoVaticana (10 de abril). “De hecho, me parece increíble que él pueda hacer este tipo de declaraciones. Ellos … necesitan ser corregidos. No es razonable pensar que las palabras de los Evangelios, que son palabras que después de siglos de estudios han sido entendidas como las palabras directas de Nuestro Señor, no sean ahora las palabras de Nuestro Señor porque no fueron grabadas. No lo entiendo.” El Cardenal Burke agregó que cree que la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano debería emitir una corrección.
Ahora sigue el Padre Thomas Reese. ¿Se acuerdan de él? Renunció como redactor de la influyente revista jesuita América en 2005 bajo presión de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Escribiendo en el National Catholic Reporter, la publicación emblemática para el catolicismo liberal estadounidense, Reese, un jesuita en su totalidad, no sólo hace eco del rechazo de Sosa de las palabras de Jesús sobre el divorcio, además mezcla un poco de gnosticismo contra el claro mandato de Jesús. «Jesús dijo muchas cosas que no observamos literalmente», escribe (6 de abril). «Jesús no menciona ningún castigo por el divorcio y el nuevo matrimonio …. Yo veo la enseñanza de Jesús sobre el divorcio como la primera legislación feminista porque una mujer divorciada fue expulsada a la calle sin dinero ni pensión alimenticia. Hoy vivimos en un mundo diferente. ¿Cómo podemos estar tan seguros de que Jesús respondería de la misma manera al divorcio hoy? «
Jesús: ¿el principal legislador feminista?
El hecho de que el Padre Reese no pueda dar una respuesta a su propia pregunta retórica habla mucho de su agnosticismo al igual que el de Sosa. Ambos jesuitas están atrapados en un callejón sin salida intelectual. Si tuviéramos que entretener al Padre Reese, podría continuar haciendo preguntas adicionales en la misma línea de argumentación:
«¿Cómo podemos estar tan seguros de que Dios respondería a Moisés con los Diez Mandamientos hoy?»
«¿Cómo podemos estar tan seguros de que Dios respondería de la misma manera al pecado de Sodoma hoy?»
«¿Cómo podemos estar tan seguros de que Jesús respondería de la misma manera a los mercaderes y cambiadores de dinero en el Templo hoy?»
Sin duda, los Padres Reese y Sosa, con sus puntos morales ciegos y su visión teológica de túnel, no pueden estar tan seguros — incluso si se sientan a «discernir». Lo que sí parecen saber, con sus ideas jesuitas gnósticas, es que pueden usar fácilmente sus propias ideas de lógica defectuosa para justificar como permisible (en sus propias mentes y en mentes similares) cualquier acto que tradicionalmente se define por la Biblia y la Iglesia como inmoral. Con el gran número de cristianos mal catequizados vagando ciegamente en estos días, los jesuitas gnósticos tienen una audiencia cautiva a la que le encantaría conocer cómo podrían participar en la inmoralidad y aún considerase fieles a Cristo.
Cualquiera puede usar una lógica defectuosa y hacer declaraciones idiotas. ¡Pasa todo el tiempo! Pero es muy triste ver a los jesuitas – miembros profesos de una orden varonil con una historia de defensa de la Iglesia y el papado y una devoción al verdadero intelectualismo católico – convertirse en instrumentos de idiotez intelectual.
Por desgracia, los jesuitas gnósticos (ustedes saben, los que creen que ellos – ellos – tienen acceso a la verdad real que no se basa ni en la Escritura ni en la Tradición) han sido envalentonados últimamente no sólo por el Papa Negro, sino más por el Papa Francisco , También un jesuita educado de la misma manera que los P. Sosa, Nicolás y Reese. ¿Una coincidencia? Creemos que no.
«Incluso bajo un Papa jesuita, la Sociedad de Jesús sufre de un declive constante en la membresía, disensión y confusión moral dentro de sus filas, y un abismo cada vez mayor entre muchas universidades jesuitas y la Iglesia». (Patrick J. Reilly, cardenal Newman Sociedad)
Durante la audiencia de los miércoles en la Plaza San Pedro, Francisco declaró que “el evangelio de Jesucristo nos revela que Dios no puede estar sin nosotros: Él nunca será un Dios sin el hombre. ¡Es él quien no puede estar sin nosotros, esto es un gran misterio! ¡Dios no puede ser Dios sin el hombre, esto es un gran misterio!”.
Las palabras de Francisco se corresponden con la herejía del gnosticismo (siglos I y II d. C.), que afirmaba que Dios necesitó crear un objeto para amar porque él es imperfecto. En lugar de ello, la doctrina católica confiesa un Dios perfecto que es amor perfecto en el interior de las relaciones trinitarias. Dios creó la humanidad gratuitamente, por superabundancia de amor, no por necesidad.
Tal sabiduría no desciende de lo alto, sino que es terrena, natural, demoníaca. – Santiago 3:15
Bergoglio: “Me viene a la mente decir algo que puede ser una insensatez, o quizás una herejía”
Catequesis herética de Bergoglio: «Pero el Evangelio de Jesucristo nos revela que Dios no puede estar sin nosotros: Él no será jamás un Dios “sin el hombre”; es Él quien no puede estar sin nosotros, y esto es un gran misterio. Dios no puede ser Dios sin el hombre: ¡este es un gran misterio!
Comenta Restore DC Catholicism: “Esto es una absoluta herejía. Ataca la naturaleza misma de Dios mismo. Cualquier teólogo que se precie (y para el caso, cualquier persona con sentido común) le dirá que Dios es todo-suficiente. Él es Todo poderoso y abarca todo dentro de sí mismo. Él no necesita que de alguna manera lo «completemos» a Sí Mismo; Insinuar lo contrario sería decir que hubo un tiempo en que Él no era tan omnipotente como lo es ahora”.
5. Si alguno no confesare que el mundo y todas las cosas que contiene, espirituales y materiales, fueron producidas de la nada por Dios de acuerdo a la totalidad de su substancia; o sostuviere que Dios no creó por su voluntad libre de toda necesidad, sino con la misma necesidad con que se ama a sí mismo; o negare que el mundo fue creado para gloria de Dios: sea anatema. (Concilio Vaticano PrimeroConstitución Dogmática sobre la fe católica Dei Filius, Denz., 1783, 1805)
En 1967, Kasper escribía que ese Dios que creo Adán y Eva, para constituir una familia indisoluble en esta tierra, ese Dios que se encarnó en Belén, no puede ser aceptado por el hombre de hoy, pues “reina como un ser inmutable por encima del mundo y de la historia, y constituye un desafío para el hombre. Por amor al hombre hay que negarlo pues reclama para sí mismo la dignidad y la honra que le son debidas al hombre” (Gott in der Geschichte, en Norbert Kutschki, “Gott heute”, Matthias-Grünewald, Mainz, 1967). Y añadía con desparpajo: “Un Dios así corresponde a una visión fixista del mundo, y la garantía de las cosas establecidas es el enemigo de las novedades”, por lo tanto recomendaba “hacernos ateos”. (denzingerbergoglio.com)
El que se mata a sí mismo y asesina a los otros cree en una doctrina precisa. Y las matanzas siguen sumándose a las matanzas, desde el corazón de Europa a los numerosos corazones heridos de Asia y de África. Por eso, si se quiere detener el río de sangre, esta doctrina debe purificarse de las interpretaciones que conducen a personas de fe musulmana a abrazar el terrorismo.
Alguien podría objetar diciendo que incluso el muftí saudita wahabita condena el terrorismo. Es verdad, pero ese muftí rechaza el pluralismo y los derechos humanos, lo cual es una contradicción insalvable.
Pero alguien podría replicar diciendo que [la Universidad de] al-Azhar defiende el pluralismo, ofreciendo un fundamento islámico a los derechos humanos. Esto es verdad también, pero sufre la instrumentalización de la política.
Pero otro podría contestar que el presidente egipcio invoca una reforma revolucionaria del discurso religioso. Es verdad, pero la que amenaza realizarse es una reforma al servicio del poder, útil para anular la democracia. De otro modo, ¿por qué el Estado egipcio consentiría – en una abierta violación de la Constitución – la existencia del partido religioso salafita al-Nour, el cual invita a no felicitar a los cristianos y a no dirigirles ni siquiera el saludo?
Después podría haber alguien que diga que los gobiernos occidentales hacen de todo para impedir la violencia, sin violar los derechos de los ciudadanos musulmanes. Después de todo, lo que os distingue de los bárbaros terroristas es su fe en los derechos humanos.
Es cierto, pero estos gobiernos combaten sólo los síntomas de la enfermedad, y dejan que se agrave la enfermedad misma. ¿Cuántos de estos gobiernos han recibido terroristas en fuga de los países con mayoría islámica? ¿Cuántos hospedan organizaciones del Islam político, primero ante todo a la Fraternidad Musulmana, que son las fuentes de esta ideología violenta? ¿Cuántos se abstienen de condenar a los regímenes wahabíes, más bien se vinculan estrechamente con ellos en relaciones amistosas y venden sus armas que después – tal como han reconocido los mismos gobiernos – terminan en las manos de los terroristas? ¿En verdad no sería posible aislar los regímenes que adoptan esta interpretación enferma del Islam, tal como se hizo con el gobierno sudafricano del apartheid? ¿Existe racismo más grande que verter la sangre del «diferente» y no tener en cuenta su vida para nada?
Hoy, el pluralismo de las sociedades occidentales es un pluralismo que excluye, trabajando contra la finalidad por la cual se ha concebido al Estado. No favorece a la persona, sino más bien a los estereotipos y a las ideologías. En Gran Bretaña, por ejemplo, «integración» significa el reconocimiento de los tribunales de la sharia que violan los derechos de la mujer, significa el flujo de millones de libras esterlinas y de euros de los extremistas del Golfo en las arcas de las organizaciones islámicas con impronta ideológica, sin controles ni restricciones.
Occidente se ha consagrado al pluralismo y a los derechos humanos, para que no se repitieran las dolorosas experiencias del nazismo y del fascismo, pero hay que preguntarse: ¿nazismo y fascismo no representaban quizás la supremacía del estereotipo sobre la persona? ¿No creían quizás en algo superior a la persona humana, por el cual se justificaba morir y matar? ¿Y hoy, no se corre el riesgo quizás que también el «multiculturalismo» se transforme en un estereotipo más importante que la persona y sus auténticos derechos fundamentales?