Bergoglio promueve un falso irenismo que no excluye el error y la falsedad.

bergoglio ataca al Iglesia.

04 de junio de 2017 |Blog La Salette Journey

En su homilía de Pentecostés, Francisco promovió un falso irenismo que, dijo,  es opuesto por quienes “adoptan posiciones rígidas y herméticas”, que “se encierran en sus propias ideas y maneras de hacer las cosas …” Tales personas, afirmó, “Eligen la parte sobre el todo, pertenecen a este o aquel grupo antes de pertenecer a la Iglesia, nos convertimos en unos ‘seguidores’ partidistas ávidos de un lado en lugar de hermanos y hermanas en el mismo Espíritu; cristianos de ‘derechas o de izquierdas’ antes que de Jesús; guardianes inflexibles del pasado o vanguardistas del futuro antes que hijos humildes y agradecidos de la Iglesia”.

 Tal es el falso irenismo  de Francisco mientras prepara al mundo para el culto a los demonios y el dios-hombre.

bergoglio signo del diablo

 El Dr. Dietrich von Hildebrand, al que el Papa Pío XII denomina el “Doctor de la Iglesia del siglo XX”, refuta esta distorsionada idea de unidad, escribe:

“San Pablo dice que siempre habrá herejías y añade que Dios les permite la desunión que se basa en la incompatibilidad de la verdad y la falsedad no puede ni debe ser evitada … Deplorar la desunión como tal, en lugar de deplorar las herejías, en vez de condenarlas y llamarlas por su nombre, implica primero que todo que uno mantendría la unidad aun a costa de la verdad, pero la verdadera unidad presupone la unidad en la verdad: el error y la falsedad no pueden ser nunca la base de la verdadera unidad: esa unidad santa y sobrenatural de la que habla nuestro Señor La oración sacerdotal ut unum sint -que todos pueden ser uno- sólo puede llegar a pasar en la profesión de la verdad divina, en la pertenencia al Cuerpo Místico de Cristo. Es una unidad que incluye a algunos pero, por la misma razón, excluye a otros. Como nos recuerda el Padre Werenfried van Straaten  [el sacerdote Bacon, mi nota] nos recuerda: “La oración de Jesús de que todos sean uno” … no puede separarse de sus otras palabras: “Os digo que todo aquel que no entra por la puerta del redil es un salteador y un ladrón … ¡Yo soy la puerta!” El mismo principio se expresa en la primera encíclica del Papa Pío XI: Pax Christi in regno Christi, la paz de Cristo en el reinado de Cristo.  Incluso en el nivel natural, la unidad que no está fundada en la verdad es una cosa muy absurda o muy peligrosa.  Esa camaradería superficial tan típica de la sociedad moderna, por ejemplo, en la que nos acercamos a todos sin importar su relación con Dios en un espíritu de “tolerancia” – el espíritu encarnado en las palabras de Federico II de Prusia: “Que todos alcancen la beatitud a su manera”- que es una pseudo-unidad absurda carente de cualquier principio común para unir realmente a los hombres.  Tal «unión», sin embargo, puede ser peor que necia;  puede ser una fuerza siniestra cuando se basa no en una falta de principio, sino en un error común en un ídolo.  La unión encontrada en el nazismo o en el comunismo es algo asombroso.  La devoción al ídolo común va tan lejos que los devotos están listos para morir por ello.  Tantos jóvenes alemanes dieron sus vidas en la guerra mientras gritaban, ‘¡Heil Hitler!’  Se habían entregado en unidad, al diablo.”  (The Charitable Anathema, pp. 3-4).

bergoglio pacto con el diablo

Este irenismo falso seguirá desempeñando un papel significativo en este “pontificado” a medida que el empuje para una religión mundial se intensifique.